Bicentenario de la Independencia Argentina - Home

Todos saben que el Congreso que declaró el 9 de Julio de 1816 la Independencia de las Provincias Unidas en el Sud se realizó en la ciudad de San Miguel de Tucumán y que el lugar donde se produjo este trascendental hecho ha perdurado como monumento bajo el nombre de Casa Histórica.

Lo que no todos saben es por qué fue elegida San Miguel de Tucumán como sede del Congreso en el que deliberarían sobre el destino de nuestra patria los representantes de las mayorías de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En 1815, tras la deposición de Alvear como Director Supremo ocurrida el 15 de abril de 1815, el director interino Ignacio Álvarez Thomas envió una circular a las provincias invitándolas a realizar la elección de diputados para un congreso general que se reuniría en Tucumán.

Pronto comenzaron a ser electos en las provincias los diputados que se reunirían en Tucumán para inaugurar un nuevo Congreso Constituyente. Entre las instrucciones que las provincias -no todas- daban a sus diputados, se encontraba la de “declarar la absoluta independencia de España y de sus reyes”.

Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental decidieron no enviar representantes. Tampoco asistirían diputados de Paraguay. Algunos del Alto Perú no asistieron, pero sí lo hicieron los de las provincias de Chichas o Potosí, Charcas (Chuquisaca) y Mizque o Cochabamba

Paraguay ya era un territorio independiente de hecho, tanto de España como de las Provincias Unidas. En 1813, mediante un Congreso Nacional, había cambiado su nombre de Provincia del Paraguay al de República del Paraguay. El gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia, en quien se inspiró Roa Bastos para su novela "Yo el Supremo", no confiaba en Buenos Aires.

Por su parte, la Liga Federal, que bajo el liderazgo de Gervasio Artigas integraban las provincias del litoral, mantenía una situación de guerra de hecho con el gobierno central de Buenos Aires. Sólo la provincia de Córdoba -que también se consideraba miembro de la Liga, pero no estaba aún en guerra con el Directorio- envió sus representantes, todos ellos de clara inclinación hacia el federalismo.

El conflicto que mantenían la Liga Federal y Buenos Aires tuvo un capítulo previo al Congreso de Tucumán en la Asamblea del Año XIII. En esa ocasión, Artigas les dio una serie de instrucciones a sus diputados que consistían básicamente en lo siguiente: declaración de la Independencia, libertad civil y religiosa, organización política federativa, Estados autónomos y que Buenos Aires no fuese la sede del gobierno central.

La explicación más común sobre por qué Tucumán fue elegida como sede del Congreso de 1816 es de que esta provincia quedaba aproximadamente en el centro de la región que abarcaban las Provincias Unidas del Sud y que, además, estaba protegida por el Ejército del Norte que tenía aquí su cuartel general. Pero también se tuvo en cuenta la desconfianza que Buenos Aires despertaba en las provincias del interior y el hecho de que San Miguel de Tucumán era una ciudad que se encontraba muy lejos de la influencia de Artigas.

El historiador tucumano Carlos Páez de la Torre nos relata que los congresales empezaron a llegar en los últimos días de diciembre de 1815, “más que fatigados por los infernales caminos. La gran mayoría no había puesto jamás el pie en la ciudad en la que iban a deliberar. No había mucho que ver. El centro de todo era la plaza, nombre pomposo para un espacio abierto donde pastaban los animales”.

De la descripción que hace Páez de la Torre del Tucumán de la época se desprende que la ciudad tenía mucho de aldea todavía: “Al frente se alzaba el Cabildo, de dos plantas y ocho arcos sin torre. Las iglesias eran insignificantes, salvo San Francisco, erigida por la expulsada Compañía de Jesús. La chata edificación aparecía más o menos compacta en las pocas cuadras inmediatas a la plaza. Después se hacía salteada, para prácticamente desaparecer más allá de la ronda. Caballos y carruajes excavaban la superficie de las calles de tierra”.

También señala: “Raramente se veía una vereda de ladrillos ceñidos por tirantes de quebracho. Las diversiones públicas eran escasas. Además de las fiestas religiosas, que terminaban con bailes y juegos, sólo un par de mesas de billar y otras tantas canchas de bochas. La vida de la ciudad duraba lo que la luz del sol. Después, se trancaban las puertas y la familia comía a la luz de velas. Sólo algunos mozalbetes en tren de juerga se atrevían a caminar durante la noche”.

En esta ciudad el 9 de julio de 1816, a eso de las dos de la tarde, los diputados se pusieron de pie y aclamaron la Independencia de las Provincias Unidas en América del Sud de la dominación de los reyes de España y su metrópoli. Diez días más tarde se agregaría la frase “y de toda dominación extranjera”.

Fuente: Secretaría de Estado de Información Pública

 

De la región, que abarcaba en su momento el Virreinato del Río de Plata, sólo los integrantes de la Liga Federal (la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe), no enviaron sus representantes al Congreso de Tucumán de 1816. ¿A qué se debió esto?

La explicación se encuentra en la situación de guerra de hecho que mantenía la Liga Federal con el gobierno central de Buenos Aires. Sólo la provincia de Córdoba -que también se consideraba miembro de la Liga, pero no estaba aún en guerra con el Directorio- envió sus representantes, todos ellos de clara inclinación hacia el federalismo.

En el caso de Paraguay éste ya era un territorio independiente de hecho, tanto de España como de las Provincias Unidas. En 1813, mediante un Congreso Nacional, había cambiado su nombre de Provincia del Paraguay al de República del Paraguay. El gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia, en quien se inspiró Roa Bastos para su novela Yo el Supremo, era contrario a toda vinculación con Buenos Aires.

El conflicto que mantenían la Liga Federal, bajo el liderazgo del caudillo Gervasio Artigas, y Buenos Aires tuvo un capítulo previo al Congreso de Tucumán en la Asamblea del Año XIII. En esa ocasión, Artigas les dio una serie de instrucciones a sus diputados que consistían básicamente en lo siguiente: declaración de la Independencia, libertad civil y religiosa, organización política federativa, Estados autónomos y que Buenos Aires no fuese la sede del gobierno central.

El hecho de que Artigas le hubiese dado instrucciones habiéndose declarado la Asamblea soberana fue usado para rechazar los diplomas de los diputados orientales, además del argumento de la nulidad de la elección de éstos por haberse realizado en un campamento militar.

Posteriormente, el gobierno de Buenos Aires en mayo de 1815, planteó reunir el Congreso en una provincia del interior y se eligió para ello a Tucumán. La explicación fue de que quedaba aproximadamente en el centro de la región que abarcaban las Provincias Unidas del Sud y que, además, estaba protegida por el Ejército del Norte que tenía aquí su cuartel general. También, sin duda, se tuvo en cuenta que era una ciudad que se encontraba muy lejos de la influencia de Artigas.

Por su parte, el caudillo oriental, el 29 de junio de 1815, reunió en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, el Congreso de los Pueblos Libres llamado también Congreso de Oriente. Fue convocado por Artigas para tratar la organización política de los miembros de la Liga Federal, el comercio interprovincial y con el extranjero; el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación; la política agraria y la posibilidad de extender la confederación al resto de las provincias. También se las invitaba a sumarse al sistema federal que proponían.

Para Pacho O’Donnell, quien escribió la biografía Artigas. La versión popular de la Revolución de Mayo, la primera Declaración de la Independencia de nuestra patria se produjo en el citado “Congreso de los Pueblos Libres”. O’ Donnell considera que esto no va en desmedro de la significación y trascendencia del 9 de Julio de 1816, ya que estos acontecimientos, históricamente, lejos de enfrentarse se completan.

Por su parte, el historiador Roberto Cortés Conde también considera que la independencia de las Provincias Unidas del Sud es un proceso largo y complejo en el que el Congreso de los Pueblos Libres de 1815es un jalón sin duda importante. Pero considera que no se puede afirmar que el Congreso de Oriente haya dado la primera declaración independentista de las Provincias Unidas, ya que las actas se perdieron y por lo tanto no se conocen las conclusiones de éste. Señala, además, que en una carta enviada el 30 de junio de 1815 al Cabildo de Montevideo (Concepción del Uruguay) Artigas no menciona en ella una posible declaración de la Independencia; lo mismo ocurriría en misivas escritas por los delegados de Córdoba y Santa Fe a sus respectivos gobiernos.

Sin embargo, para O’Donnell, el hecho de que ninguna de las provincias que asistieron al Congreso de los Pueblos Libres, salvo Córdoba que estuvo presente en los dos, concurriera después al de Tucumán es evidencia de que ya consideraban cumplido el propósito independentista. También destaca tres hechos más a favor de su tesis.

Las instrucciones que llevó el delegado santafesino al Congreso de Oriente reproducían casi literalmente las enviadas a la Asamblea del Año XIII reunida en Buenos Aires: “1º Pedirán la declaración absoluta de la independencia de la Corona de España y familia de los Borbones”.

Cuando Artigas tomó conocimiento de la Declaración de la Independencia en San Miguel de Tucumán el 9 de julio de 1816, escribió al director supremo en Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón, el 24 de ese mes: “Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su Superior conocimiento”.

El cabildo de Corrientes dejó sentadas las conclusiones de los debates sostenidos en Concepción del Uruguay en las que se señala que teniendo en cuenta las ideas de Artiga: “las cuales ni son opuestas al sistema esencial de la América ni distintas de las que se adoptaron en la primera época de la instalación del gobierno provisorio de la capital de Buenos Aires, se resolvió declarar la independencia bajo el sistema federativo y al General Don José de Artigas por Protector”.

Cualquiera sea el peso que se le dé a los argumentos, a favor o en contra, de que en el Congreso de los Pueblos Libres se haya Declarado la Independencia no se puede negar la importancia de éste en nuestra historia y que destacarlo e investigar sobre él no supone de ningún modo deslucir la trascendencia histórica y simbólica del 9 de Julio de 1816.

Fuente: Secretaría de Estado de Comunicación Pública

En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:

¿Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su un nime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unámime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuníquese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

Dada en la Sala de Sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros Diputados Secretarios.

Francisco Narciso de Laprida, Diputado por San Juan, Presidente
Mariano Boedo, Vice Presidente, Diputado por Salta
Dr. Antonio Sáenz, Diputado por Buenos Aires
Dr. José Darragueira, Diputado por Buenos Aires
Fray Cayetano José Rodríguez, Diputado por Buenos Aires
Dr. Pedro Medrano, Diputado por Buenos Aires
Dr. Manuel Antonio Acevedo, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio de Gorriti, Diputado por Salta
Dr. José Andrés Pacheco de Melo, Diputado por Chibchas
Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, Diputado por la Ciudad de Jujuy y su territorio
Eduardo Pérez Bulnes, Diputado por Córdoba
Tomás Godoy Cruz, Diputado por Mendoza
Dr. Pedro Miguel Aráoz, Diputado por la Capital del Tucumán
Dr. Esteban Agustín Gazcón, Diputado por la Provincia de Buenos Aires
Pedro Francisco de Uriarte, Diputado por Santiago del Estero
Pedro León Gallo, Diputado de Santiago del Estero
Pedro Ignacio Rivera, Diputado de Mizque
Dr. Mariano Sánchez de Loria, Diputado por Charcas
Dr. José Severo Malabia, Diputado por Charcas
Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, Diputado por La Rioja
Licenciado Gerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. José Colombres, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio Thames, Diputado por Tucumán
Fray Justo de Santa María de Oro, Diputado por San Juan
José Antonio Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. Juan Agustín Maza, Diputado por Mendoza
Tomás Manuel de Anchorena, Diputado de Buenos Aires
José Mariano Serrano, Diputado por Charcas, Secretario
Juan José Paso, Diputado por Buenos Aires, Secretario.

En el año 2016 se celebra el Bicentenario de la Declaración de la Independencia en la República Argentina. La Declaración de la Independencia tuvo lugar el 9 de Julio de 1816 en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en el marco del Congreso Nacional que se reunió en esa ciudad, y en la casa aún existente de doña Francisca Bazán de Laguna, hoy conocida como Casa Histórica o Casa de Tucumán.

La Declaración de la Independencia tuvo una importancia de primera magnitud en la historia del naciente país, puesto que completó el ciclo revolucionario iniciado en 1810 y estableció la liberación definitiva de la corona española. Este hecho tuvo una trascendencia histórica insoslayable y marcó a su vez el inicio de la organización constituyente de la nación.

La Provincia de Tucumán, sede histórica de tan magno acontecimiento, se apresta a organizar la celebración del Bicentenario.  La misma consistirá en un conjunto de obras, eventos y actividades de carácter artístico, deportivo y académico-científico que se realizarán a lo largo de todo el año 2016 o que tendrán a éste como su punto de partida.

Este conjunto de obras y actividades ha sido seleccionado a partir de ciertos criterios de organización. Ante todo, y por lo ya dicho, la celebración tiene un carácter nacional; esto es, es una conmemoración de la nación toda en esta provincia. Por ello, la mayor parte de las actividades y eventos están abiertos a la participación de ciudadanos de las restantes provincias y del país.

Por ello mismo también, una parte sustantiva de la celebración tiene por objetivo la preparación de la misma provincia como anfitriona de toda la conmemoración. En este sentido, el conjunto de obras proyectadas persigue el propósito de revalorizar y embellecer la provincia a los fines de los festejos y de su desarrollo futuro.

Por otro lado, la celebración tiene una connotación popular. Esto es, que los eventos y actividades del festejo estén abiertos a la presencia y participación de distintos públicos posibles, locales y visitantes, de la capital y de las ciudades del interior.

Finalmente, la celebración tiene también por objetivo establecer un espacio y un momento de reflexión y de mirada estratégica hacia el futuro y hacia los desafíos que el Bicentenario abre al país y la región. Por este motivo, una parte relevante de las actividades consisten en la realización de coloquios, congresos y jornadas destinadas a la exposición de personalidades nacionales e internacionales.

El Día de la Independencia de la República Argentina es una fiesta patria nacional que se celebra el 9 de julio. Este día conmemora la firma de la Declaración de independencia de la Argentina, el martes 9 de julio de 1816 en la casa de Francisca Bazán de Laguna, declarada en 1941 Monumento Histórico Nacional.

La decisión fue tomada por el Congreso de Tucumán, que sesionó en la ciudad de San Miguel de Tucumán de las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata, por la cual el país proclamó su independencia política de la monarquía española y renunció también a toda dominación extranjera.

En 2016 se festejará el Bicentenario, para lo cual el Gobierno Nacional y el Gobierno Provincial ya se encuentran en preparativos que incluyen la remodelación y puesta en valor de la Casa de Tucumán para el Bicentenario de la Independencia.

El Congreso General Constituyente reunido en Tucumán en 1816 sesionó en la vivienda de una importante familia local. Pertenecía a Francisca Bazán, casada con el comerciante español Miguel Laguna y se construyó en la década de 1760. Era una típica casa colonial; compuesta por tres “pabellones” paralelos a la calle, entre los que se encontraban dos patios -cerrados lateralmente por habitaciones y galerías- y al fondo la huerta. El frente estaba presidido por el portal barroco con sus columnas torsas o salomónicas.

El primer patio era el principal y lo rodeaban las habitaciones de la familia, la sala y el comedor; el segundo patio estaba rodeado por galerías y cerrado hacia el fondo por el pabellón de la servidumbre que lo separaba de la huerta, con árboles frutales y el pozo de agua. Estaba construida con muros de tierra apisonada –tapial- y adobes; sólo el portal –que abarcaba el zaguán de la entrada y dos porterías- había sido construido con ladrillos. Estos muros estaban revocados con barro y cal. Los techos eran de tejas sobre un entramado de caña hueca y tierra; la estructura era de cabriadas de madera y las galerías tenían columnas de madera. Este tipo de construcciones requerían un continuo trabajo de mantenimiento para que las intensas lluvias no provocaran su deterioro, lo que explica la decadencia de la casa con el correr de los años.

Luego de la Batalla de Tucumán -1812-, el ejército estuvo acuartelado en la ciudad y sus alrededores en dos oportunidades y la casa fue utilizada como cuartel;  por lo que la familia ya no vivía en ella. En 1815 el Estado la alquiló para instalar la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra y tuvo que realizar costosas obras para repararla, compensando de esta manera a los propietarios por los deterioros causados con su uso anterior.

En 1816, a falta de edificios públicos adecuados, se decidió que el Congreso Constituyente sesionara en la casa de los Laguna Bazán. Para ello el gobierno realizó nuevas reformas: se amplió el salón destinado a las sesiones –demoliendo el tabique que separaba el comedor de la sala contigua-, se repararon los techos del salón ampliado y se construyeron letrinas. Los muros se pintaron de blanco y las puertas y ventanas de color azul para que la casa tuviera los colores de la patria. El gobierno mandó fabricar las mesas, sillas, candelabros y todo lo necesario para el funcionamiento del Congreso.

Éste sesiona en la casa entre el 24 de marzo de 1816 y febrero de 1817, en que se traslada definitivamente a Buenos Aires. Luego la casa continuó siendo alquilada para la imprenta del ejército. Poco después la familia la ocupó nuevamente, alquilando solamente los locales del frente. En 1839 la casa pasó a ser propiedad de Carmen -hija de Gertrudis Laguna Bazán y de Pedro Antonio de Zavalía- que se había casado con su tío Pedro Patricio de Zavalía. Estos la reparan de su estado ruinoso, demuelen todas las construcciones del segundo patio y construyen una nueva cocina.

El lluvioso clima tucumano y las características de los materiales de la casa contribuían a un deterioro permanente; sumado esto a los avatares de la economía familiar explica que cuarenta años después la vivienda se encontrara nuevamente en ruinas. En 1869 el fotógrafo Ángel Paganelli tomó las fotografías del primer patio de la casa y del frente en estado ruinoso, son las imágenes más antiguas que conocemos de la casa.

En 1869 fue sancionada la ley autorizando al Poder Ejecutivo Nacional a adquirir la casa y hacerse cargo de su conservación; el Estado Nacional la escrituró en 1874 para destinarla a sede del Edificio de Correos y Telégrafos Nacionales y al Juzgado Federal. Para ello debía reformarse el edificio, pero entonces sólo se consideraba valioso al Salón de la Jura o Salón Histórico. El Ingeniero sueco Federico Stavelius (de la Oficina de Ingenieros Nacionales) proyectó un nuevo frente de estilo neorrenacentista y reformó el primer patio. Son demolidos el pabellón del frente -con su pórtico y sus columnas salomónicas- y las habitaciones del ala sur del primer patio; sólo es conservado el Salón Histórico tal como se encontraba entonces.

Desde entonces se instituyó la costumbre de celebrar todos los años los aniversarios de la Declaración de la Independencia en el Salón de la Jura, que era engalanado para la ocasión, aunque esta celebración se realizaba esporádicamente desde 1817.

En 1904 se decide la realización de un nuevo proyecto para proteger al Salón Histórico, ya que todo el edificio se encontraba en ruinas: se demolió todo conservándose sólo el Salón dentro de un gran pabellón –el Templete- con techo de vidrio. El atrio de acceso estaba flanqueado por dos murales de bronce realizados en Italia por la escultora tucumana Lola Mora, que evocaban las gestas del 25 de Mayo de 1810 y del 9 de Julio de 1816. En los muros internos del pabellón se colocaron las primeras placas conmemorativas y un balcón servía de púlpito a las autoridades cuando se realizaban los actos conmemorativos.

En 1941 la Casa de la Independencia fue declarada Monumento Nacional. Comienza entonces a debatirse sobre la posibilidad de reconstruirla. Para ello se formó una Comisión integrada por el Dr. Ricardo Levene y el Arquitecto Mario J. Buschiazzo –ambos de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos-, el Arquitecto Martín Noel -de la Academia Nacional de la Historia- y el Arquitecto Alejandro Figueroa -Director Nacional de Arquitectura, DNA-.

Buschiazzo, responsable del proyecto, contaba con las fotografías de Paganelli y los planos y el relevamiento de la casa realizado en 1870 como documentación. Por lo tanto, la casa hoy recrea a aquella que llegó en ruinas a 1870, la que fotografió Paganelli. Los trabajos fueron supervisados por Buschiazzo y conducidos por Amilcar Zanetta López, con obreros y artesanos de la DNA. La casa fue reconstruida con muros de ladrillos, que se pintaron de amarillo y las puertas de madera fueron terminadas con aceite de linaza sin pintar. Las obras se iniciaron en 1942 y el 24 de Septiembre de 1943, aniversario de la Batalla de Tucumán, el Presidente Ramírez inauguró la reconstrucción.

El 9 de Julio de 1947 el Presidente Juan Domingo Perón declaró en la Casa la Independencia Económica con motivo de haber cancelado la deuda externa de la República Argentina.

En 1966, con motivo de los festejos del Sesquicentenario de la Declaración de la Independencia, se inauguran las obras del terreno de los fondos de la Casa –cedido por la Provincia de Tucumán en 1949-, que consistían en la Galería de Placas y el Patio de Homenajes, en el que se han emplazado los murales de Lola Mora.

En 1996 se restauraron las puertas y ventanas, rejas y faroles. Las puertas y ventanas de la Casa fueron pintadas de azul, tal como estuvieron el 9 de julio de 1816, de acuerdo a la investigación histórica realizada por el Arq. Juan Carlos Marinsalda, que comprobó que en 1816 el Estado había comprado pintura azul para las puertas de la casa del “Soberano Congreso” o de “La Soberanía”, de modo que tuviera los colores de la Patria.

En 1976 el Gobierno de Tucumán expropió los terrenos linderos a la casa y demolió todas las edificaciones existentes con el objeto de “enaltecer la Casa de la Independencia”. En 1989 se inauguró la Plaza de los Congresales en el lindero norte y en 2004 el Patio de Artesanos en el lindero sur. Desde 2006 la calle es peatonal y en 2007 se inauguran las obras de la Peatonal Congreso. Es por ello que la Casa se presenta ahora aislada de su contexto urbano y hay que reforzar la imaginación para pensarla como una vivienda más en una de las calles de la ciudad.

Desde el año 1992, cada 9 de julio la ciudad de Tucumán es capital de la República Argentina y sede del Poder Ejecutivo Nacional y se realiza en la Casa el Acto Central de Conmemoración de la Declaración de la Independencia Nacional, con la presencia del Presidente de la Nación, el Gobernador de la Provincia de Tucumán y de sus respectivos gabinetes y comitivas e invitados especiales.

Suscríbete a nuestro Newsletter



Ingresar en la Cuenta