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Tucumán en el Centenario de la Independencia

25 abr 2016

Un siglo después de haber sido sede del histórico Congreso general, la capital de la provincia ha adquirido una nueva fisonomía y se ha convertido en una ciudad moderna para la época.

San Miguel de Tucumán, cien años después de la Declaración de la Independencia, no es más la ciudad que, salvo las torres de sus cuatros iglesias, el edificio del cabildo de dos pisos y otras edificaciones importantes que rodeaban la plaza, tenía mucho de aldea todavía con sus casas de techos bajos y calles terrosas. Tampoco son ya, como en 1816, cueros, suelas, tabaco y sombreros las principales exportaciones de la provincia al puerto de Buenos Aires.

Un siglo después de haber sido sede del histórico Congreso general, la capital de la provincia, al ritmo creciente de la industria azucarera, ha adquirido una nueva fisonomía y se ha convertido en una ciudad moderna para la época. Durante la década de 1870 confluyen una serie de factores, entre los cuales, la llegada del ferrocarril en 1876 constituye sin duda un hito.

El desarrollo ganadero, agrícola, industrial y comercial que vive la provincia experimenta un gran impulso en último tercio del Siglo XIX. Se inicia el florecimiento de la primera industria pesada del país. Entre 1876 y 1890, 80 ingenios de vieja tecnología son reemplazados por una treintena de fábricas de moderna tecnología europea. El auge de la industria azucarera ve acompañado de una importante inyección de capitales tanto foráneos como locales.

San Miguel de Tucumán se moderniza. En el período que va de 1870 a 1916 se incorpora a la ciudad la electricidad, el agua corriente, el alcantarillado, el telégrafo y los medios de transporte público. Al mismo tiempo empiezan a construirse una serie de edificios muy significativos desde el punto de vista edilicio como cultural que vienen a sumarse a los ya existente.

El aspecto de la ciudad cambiará de modo notable. Al igual de lo que sucede en las principales ciudades del país se introducen nuevos conceptos arquitectónicos. Se copia sobre todo el estilo francés y se construyen grandes obras como la Casa de Gobierno que suplanta al viejo cabildo de estilo colonial. También aparecen elegantes petit hotel frente a la plaza Independencia para residencia de Luis F. Nougués y Julio Caínzo, en 1911 y 1913, respectivamente.

Como petit hotel se denominaba en esa época un tipo de residencia urbana no permanentes de la alta burguesía o la aristocracia. Los propietarios las utilizaban durante el período en que sus obligaciones, laborales o sociales, requerían su presencia en la ciudad. Durante el resto del año, residían en sus dominios rurales, haciendas, estancias, etcétera.

En 1912 se inauguran la Casa de Gobierno, el Teatro Alberdi, el Jockey Club y el conjunto arquitectónico formado por el Hotel Savoy, el Teatro Odeón, y el Casino sobre la avenida Sarmiento. A todo esto se suma en el mismo año el majestuoso edificio de Colegio Nacional.

Un resplandor francés ilumina la escena urbana de San Miguel de Tucumán mientras se acerca al Centenario de la Independencia.

Pero Tucumán no sólo se moderniza desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico. En 1904 sale la Revista de Letras y Ciencias Sociales  impulsada por un grupo de jóvenes de la élite dominante de la provincia que muestra un interés inusitado por las cuestiones culturales y está destinado a jugar un papel protagónico en la vida política e intelectual de la provincia.

El grupo de jóvenes, que será llamado por algunos la Generación del Centenario, está integrado, entre otros, por Juan B. Terán, Julio López Mañán, Alberto Rougués, Ernesto Padilla, Juan Heller y José Ignacio Aráoz. A todos ellos se sumará el poeta modernista nacido en Bolivia Ricardo Jaime Freyre.

En 1907, a instancias de un proyecto presentado por el industrial azucarero y senador provincial, Alfredo Guzmán, se crea por ley la Estación Experimental Agrícola Obispo Colombres que recién inicia sus actividades en 1909. El nuevo organismo, de importancia estratégica para la agroindustria, vinculará la investigación científica a la producción azucarera.

Bajo el gobierno de Luis F. Nougués, propietario del ingenio San Pablo, se crea la Escuela de Bellas Artes en 1909. Se trata de un paso previo al objetivo final de crear la Universidad Nacional de Tucumán que recién se aprueba por ley en 1912 y se inaugura dos años después de acuerdo a un proyecto de Juan B. Terán.

En 1914, de acuerdo al censo realizado en ese año, la modernizada capital provincial llega a albergar a 90.000 habitantes. En la provincia, la población también crece de manera continua: en 1900 se registran 235.000 residentes y en 1914 alrededor de 332.000. El desarrollo poblacional exhibe otras cifras destacables. De la población de 1914, sólo el 46% es urbano.

Esto indica que hay en ese momento un alto índice de pobladores en zonas rurales, algo vinculado a las singulares características de la industria azucarera que no se concentró en una ciudad principal sino que se diseminó por el campo generando alrededor de cada fábrica pequeños pueblos o ciudades.

El centenario descubre a los tucumanos leyendo las noticias de la Primera Guerra Mundial en periódicos de la provincia como El Orden y La Gaceta. Europa está en llamas. Los lectores respiran aliviados lejos del horror. El Orden se edita desde 1884, pero La Gaceta tiene sólo cuatro años de existencia.

En el orden nacional el estreno del voto universal, secreto y obligatorio viene aparejado a la victoria de Hipólito Yrigoyen en las elecciones presidenciales del 2 de abril de 1916. El caudillo de la Unión Cívica Radical derrota a la fórmula del Partido Conservador. Corren vientos de cambios en el país.

En la provincia gobierna el doctor Ernesto Padilla, hijo de un industrial azucarero e integrante del Partido Conservador. Padilla forma parte de la citada generación modernizadora, una constelación de hombres que comparten un linaje social y familiar común.

El Centenario de la Independencia encuentra al abogado conservador en el último año de su mandato. A él le tocará inaugurar la UNT en 1914, un proyecto de su amigo Juan B. Terán; la Caja de Ahorro Popular, una iniciativa propia, en 1915; y también el Parque 9 de Julio como parte de los festejos patrios de1916. A Padilla lo sucederá el radical Juan Bautista Bascary quien replicará en la provincia el triunfo obtenido por su partido a escala nacional.

Con la gobernación de Ernesto Padilla llegará a su fin la prolongada hegemonía política de la élite industrial azucarera que había consolidado su poder no sólo por su posición económica local sino también por sus vínculos con el gobierno central de Buenos Aires, donde dos tucumanos llegaron al ejercer la presidencia: Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca.

Fuente: Secretaría de Estado de Información Pública


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