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Doscientos años después, aún habla la lengua inca a través nuestro

Actualmente en las provincias del Noroeste argentino el mestizaje cultural está presente en las comidas, costumbres y creencias.

El hecho de que la Declaración de la Independencia de 1816 no sólo haya sido redactada en castellano sino también en quechua y aimara es, sin duda, un importante testimonio de la presencia insoslayable de los pueblos originarios en el proceso que llevaría a la constitución de la Nación Argentina.

Los argentinos somos mestizos, no sólo descendemos de los europeos que vinieron en los barcos, de los conquistadores primero y de los inmigrantes después, sino también de los pueblos indígenas que preexistían en estas tierras. A todos ellos hay que agregar el aporte de los hombres y mujeres de origen africano. Somos mestizos entonces, no sólo en el sentido étnico, sino en el sentido más amplio y rico que es el cultural.

Actualmente en las provincias del Noroeste argentino ese mestizaje cultural está presente en las comidas, costumbres y creencias; y, también, en algo de lo que no somos del todo conscientes: nuestra lengua cotidiana. La forma de hablar tan particular de santiagueños y tucumanos, que difiere del español estándar que se encuentra en los libros, tiene su origen en siglos de convivencia del quechua con el español y en los múltiples procesos de transferencia lingüística que esta relación generó.

Hay coincidencia en que desde tiempos prehispánicos, existía entre la lengua quechua y la región del Tucumán una estrecha relación y es un hecho significativo que hoy, a comienzos del siglo XXI, en la provincia de Santiago existan todavía miles de quechuahablantes.

El Inca Garcilaso de la Vega en su Comentarios Reales escribe que, “estando el Inca en la provincia Charca (actual Sucre) vinieron embajadores del reino llamado Tucma, que los españoles llaman Tucumán […] y puestos ante él le dijeron : Zapa Inca Viracocha, la fama de las hazañas de los Incas, la rectitud e igualdad de su justicia, la bondad de sus leyes […] los curacas de todo el reino Tucma, envían a suplicarte haya por bien de recibirlos por debajo de tu imperio”.

Según Ernesto Sánchez Ance tres hechos serían claves para la difusión del quechua en el Tucumán. El primero se produce entre 1471 y 1500, bajo el gobierno del inca Tupaq Yupanki , quien anexa al imperio la región valliserrana del actual Noroeste argentino. Sobre el hecho Ricardo Rojas dice lo siguiente: “el Inca […] envió sacerdotes a la nueva provincia, para enseñar allí la religión oficial, y funcionarios quechuas, instruyeron a los tucumanenses en las artes del idioma y la agricultura”. Por su parte, Juan de Santa Cruz Pachacuti, un cronista indígena de fines del siglo XVI, al hablar de todas las huacas (deidades) reunidas en el panteón del Cusco, menciona también a las del Tucumán, como provincia del imperio”.

El segundo hecho clave, para la difusión del quechua en el antiguo Tucumán, se produce en 1543 con la llegada de los españoles, liderados por Diego de Rojas, quien viene con miles de yanaconas (sirvientes) quechuahablantes reclutados en el Cusco. Fue el quechua el idioma que permitió a los lenguaraces de Rojas entablar contacto con los naturales de la región.

Diego de Rojas se enfrentará y derrotará a un ejército de indígenas apostado en Acapayanta, un pueblo ubicado sobre el río Medinas, a poca distancia de Yucumanita. El cacique que lideraba la fuerza indígena llevaba por nombre Qhanamikoq, una hibridación quechua-aymara que se traduce como Comeluz. El historiador Lizondo Borda supone que sería un orejón (un funcionario incaico), que conociendo el dominio hispano en el Perú, probablemente, prefirió quedarse en nuestra región a regresar a su tierra.

El tercer acontecimiento importante fue el Concilio de Trento, 1545- 1563, donde no solo se tomaron medidas referidas a lo puramente religioso sino que también estableció que los indígenas de América debían ser catequizados en sus propios idiomas. La evangelización contribuyo así al arraigo de la lengua inca, ya que es probable que si en Trento se hubiese decidido emplear el castellano como idioma evangelizador, el quechua y demás idiomas aborígenes hubieran tendido a la desaparición.

Acta independencia 2

En lo lingüístico la política del Concilio produjo la desaparición de los idiomas aborígenes del Noroeste y también el predominio del quechua, idioma empleado por la gran masa popular. El castellano solamente era hablado por los estratos superiores de la sociedad.

La poca cantidad de hablantes del castellano en el Tucumán de la colonia, provocó la preocupación de los sectores encumbrados. Es así que, en 1635, el obispo Fray Melchor Maldonado, desde San Miguel de Tucumán, sostiene que indios y españoles poco hablaban en castellano en esta región.

En 1770 Carlos III prohibió el uso del quechua. Esta medida contribuiría en gran medida a que la lengua del Tawantinsuyu (imperio incaico) prácticamente desapareciera en todo el Noroeste argentino, con la excepción de Santiago del Estero.

La lingüista tucumana Lelia Albarracín, señala que actualmente en nuestro lenguaje cotidiano los tucumanos usamos más de 200 palabras que provienen del quechua, por ejemplo, entre muchas otras: achura, antarca, cancha, carancho, cuchi, cumpa, curcuncho, chacra, chango, chinita, chirimoya, choclo, cholo, mestizo, chunca, chuschar, chuso, guagua, guanaco, locro, mishi, moto, ñaschita, ñaupa, pallana, pampa, paspa, pirca, poncho, poroto, pucho, puna, puma, pupo, quenco, tincazo, uncaca, urpila, usamico, usapuca, ojota, yapa.

Pero no se trata sólo de palabras sueltas, sino de una reconstrucción del español sobre la base de las estructuras del quechua, donde el uso de los tiempos compuestos es una constante, por ejemplo: ¿Cómo has amanecido?, ¿Qué diciendo le has prestado?, ¿Qué haciendo te has quebrado? También la lengua inca se hace presente en nuestra habla corriente a través de una partícula de origen quechua como el habitual “nomás” (venite nomás, de malvado nomás, de tonto nomás); o por medio de la popular expresión “¿qué no?” (Vas a venir, ¿qué no?).

La lengua nos preexiste y constituye. Nos da identidad, las palabras para nombrar el mundo. Nuestra lengua materna, la que hablamos los tucumanos todos los días, es una lengua mestiza. A través de nosotros todavía habla la lengua inca o, mejor dicho, todavía somos hablados por ella.

Fuente: Secretaría de Estado de Comunicación Pública


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