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Chuquisaca y Monteagudo encendieron la mecha de la Independencia

26 ene 2016

La Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en el Sud es, sin duda, la culminación de un complejo y dramático proceso social y político-militar, que con avances y retrocesos, encontró su culminación el 9 de Julio de 1816 en San Miguel de Tucumán. Si se toma como momento decisivo para las colonias de América la caída del rey Fernando VII, el punto de inicio de ese proceso independentista en el Virreinato del Río de la Plata se remonta a la rebelión popular del 25 de mayo de 1809 que tuvo lugar en Chuquisaca, en el Alto Perú (hoy Bolivia).

En referencia a su rica vida cultural, Chuquisaca era conocida como la “Atenas de América”. Allí se encontraba la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier, un centro de estudios de gran prestigio. Por sus aulas pasaron, entre otros, tres revolucionarios que tendrían un papel protagónico en las luchas por la independencia: Mariano Moreno, Juan José Castelli, y el tucumano Bernardo de Monteagudo.

Tras la abdicación de Fernando VII el 6 de mayo 1808, por imposición de los franceses, el 27 mayo surgió la Junta de Sevilla que pretendía gobernar en nombre del rey y terminó declarándole la guerra a Napoleón el 17 de junio. La Real Audiencia de Charcas, actual Sucre, no aceptó en un principio la autoridad sevillana y llamó a constituir juntas provinciales. En noviembre del mismo año un delegado de la junta peninsular llegó a Chuquisaca con la pretensión de que ese territorio quedase bajo la soberanía de la infanta Carlota, hermana de Fernando y reina regente de Portugal en el Brasil.

Los estudiantes y los profesores rechazaron esta propuesta denunciando que se pretendía entregar América a los portugueses. A partir de ese momento se generó un proceso de agitación que terminó con el levantamiento popular del 25 de mayo de1809, que destituyó al gobernador y formó una junta de gobierno.

Las crónicas de la época señalan que entre la muchedumbre se destacaba el tucumano Bernardo de Monteagudo gritando: “¡Muera el mal gobierno! ¡Viva el rey Fernando!”.

En mayo de 1808 Monteagudo había recibido su título de abogado y dedicado  a trabajar como defensor de pobres. En ese mismo año, contribuyendo al clima de agitación previo al levantamiento, escribió el ahora célebre panfleto Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos Elíseos. Allí pone en boca de Atahualpa frases como “desaparezca la funesta noche de la usurpación y amanezca el claro y luminoso día de la libertad”, y agrega: “Quebrantad las terribles cadenas de la esclavitud  y empezad a disfrutar de los deliciosos encantos de la independencia”.

Casi al mes del levantamiento, el 16 de junio de 1809, cercano a cumplir los 20 años, el brillante tucumano, publica la primera proclama independentista donde afirma. “Hasta aquí hemos tolerado esta especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria, hemos visto con indiferencia por más de tres siglos inmolada nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto […]”.

Exactamente un año después de la rebelión del Alto Perú, el 25 de Mayo de 1810, en Buenos Aires tendría lugar el Cabildo abierto del cual surgiría la Primera Junta de gobierno de la capital del Virreinato del Río de la Plata. Dicha junta estaría constituida, entre otros, por dos graduados de la universidad de Chuquisaca: Mariano Moreno y Juan José Castelli.

Posteriormente, al constituirse el actual del Estado argentino quedarían fuera de su territorio el Alto Perú (Bolivia), Paraguay y la Banda Oriental (Uruguay), tres de “las Provincias Unidas en el Sud” que menciona la Declaración de la Independencia de 1816. Esto contribuiría, en gran parte, a desdibujar los profundos vínculos y continuidades existentes entre los distintos procesos independentistas que tuvieron lugar en la región que abarcaba en su momento el Virreinato del Río de la Plata.

Monteagudo, un protagonista de los acontecimientos de Chuquisaca, consideraba que éstos fueron el inicio del proceso revolucionario. En 1812 escribió Ensayo sobre la Revolución del Río de la Plata desde el 25 de mayo de 1809, en el periódico Mártir o Libre, en el tercer aniversario de la constitución de la Primera Junta. En esa misma línea de pensamiento otros historiadores como el chileno Vicuña Mackenna llaman a Chuquisaca, “la cuna volcánica de la revolución”.

El revolucionario tucumano nunca abandonaría su visión continental de la independencia que condensó en una frase contundente: “Mi patria es toda la extensión de América”. Acompañó a San Martín en su campaña libertadora por Chile y Perú y después cuando éste se retiró continuó con Bolívar. Juntos concibieron y pusieron en marcha la idea de una federación de Estados hispanoamericanos. Monteagudo no pudo asistir al Congreso de Panamá de 1926 que Bolívar convocó con ese fin porque sería asesinado un año antes.

Odiado por sus enemigos políticos que lo calificaban de “zambo” o “mulato” y acusaban de despiadado, el tucumano fue una de las mentes más brillantes de la revolución. Tenía sólo 35 años cuando alguien le clavó un cuchillo en el corazón una tarde de 1825 en una calle de Lima.

Fuente: Secretaría de Estado de Información Pública


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